Historia

Andrés Bayron Silva Lemos nació el 27 de marzo de 1986 en Tacuarembó.

Su infancia la pasó en Paso Baltazar, zona rural de Tacuarembó. Allí fue a la escuela rural N° 90, situada en una estancia de la familia Chiquito Bentacur y Rosario Rivero. Sus papás Blanca Lemos y Dalmiro Silva trabajaban en una estancia que quedaba a 3 kilómetros de la ruta, a Andrés le tocaba ir andando a caballo hasta allí donde esperaba el ómnibus La Onda que pasaba rumbo a la ciudad de Tacuarembó. Hacía 2 kilómetros por la ruta 26 hasta llegar a la escuela.

“Mi infancia fue diferente a un niño de ciudad, ya que mis hábitos eran totalmente orientados a la labor de campo, tareas como juntar el ganado, las ovejas, trabajar en la chacra donde teníamos nuestra producción personal de alimentos. Mi hobby era jugar con tronquitos de madera que sobraban de las maderas con las que mi padre hacía los alambrados, esos eran mis autitos de juguete, en épocas de esquilar las ovejas, la lana era colocada en bolsas gigantes para después ser transportadas a la ciudad, pero mientras no eran retiradas de la estancia los fines de semana jugábamos a la escondida con algún primo que nos venía a visitar”.


Fue un buen alumno, bastante tímido, con buena relación con sus compañeros, abanderado en la Escuela rural y era un habitué de las presentaciones escolares en los famosos bailes de fin de año bailando pericón, carnavalito y otros. “Teníamos un buen grupo que se divertía mucho a la hora del recreo cuando podíamos ir al Tacuaral, que era una quinta de plantación de tacuaras que formaba un bosque tupido. Ahí teníamos un momento para nosotros donde nuestra imaginación nos hacía volar. Era el mejor lugar donde estar a la hora del recreo”.


Antes de ir a Maldonado estuvo en la Escuela 136 de Barrio Don Audemar, cerca de su casa, donde terminó la primaria, comenzó la secundaria en el Liceo 2 del Barrio Ferrocarril, en el cual estuvo unos meses antes de que se concretara la llegada a Maldonado.

Llegó al atletismo casi que por casualidad. En 1998 dejó su Tacuarembó para instalarse en Maldonado, por razones laborales de su familia. Y ese año, su profesora Ruth, la profe de gimnasia del liceo departamental de Maldonado, los llevó a él y a sus compañeros a un encuentro de liceales ahí en el Campus. Eso, casi sin querer, le cambió el destino. Sin destacarse en lo atlético, mostró una de sus grandes virtudes: la perseverancia, Y llamó la atención de los entrenadores, entre ellos, Ulises Villamil y Andrés Barrios, quien lo acompaña hasta hoy.


En 2001 viajó a su primer torneo internacional: Sudamericano en Santa Fe, en donde obtuvo la medalla de bronce en 400 planos con solo 15 años de edad.

En el 2003 se consagró: Campeón Mundial de menores en octatlón. Este resultado marcó su inicio deportivo.

Entrena como un profesional, dos veces al día. Se cuida en las comidas y en lo que respecta a tener acciones que no perjudiquen el rendimiento en lo deportivo. En su tiempo libre se dedica a estudiar, ya que se encuentra finalizando una carrera técnica en atletismo (Tecnicatura en atletismo, que cursa en la sede de la Universidad de la República en el Campus de Maldonado) para poder volcar su conocimiento adquirido en todos estos años, formando generaciones futuras.

Tuvo grandes momentos y de los otros. Sabe superar obstáculos y no solo las vallas que supera en cada carrera. Los Juegos Olímpicos del 2012 le dejaron uno de los momentos más amargos de su carrera. Lesionado y recibiendo muchas críticas, supo levantarse gracias al estudio y al apoyo de su madre, sus hermanas, su entrenador y sus mejores amigos.


El 48.65 con el que fue oro en el Iberoamericano de San Pablo de agosto del 2014, lo llevó a un nuevo récord nacional y a terminar el año en el sexto puesto del ranking mundial, un logro histórico para el atletismo uruguayo.

Campeón sudamericano 2015, finalista en los Juegos Panamericanos de Toronto. Vuelve con su objetivo principal de estar en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro. Busca llegar a los próximos Juegos de la mejor manera posible física y mentalmente, con más experiencias que las pasadas. Y sueña con la final olímpica.

 


Palabras sobre los suyos

Mi mamá es el eslabón rector en todos estos años, es la que escucha y siempre está incondicionalmente, da consejos muestra el futuro y nunca se equivoca. Es la que me ha dado las herramientas para defenderme en la vida, ella es única y lo es todo. Ella es la que siempre ha creído y nunca pierde la fe.

Mis hermanas: La mayor Nancy no practica actualmente pero antes hizo artes marciales, la pequeña Yenifer continúa por los caminos del atletismo, teniendo logros poco a poco.

Mi hijo Santino es el motivo del despertar de cada día.

Mi viejo al principio me decía que estudiara, que no haría nada corriendo, luego se dio cuenta que era lo que yo quería hacer y que había decidido hacerlo en serio.

Mi entrenador es el 50 por ciento de los logros obtenidos, de las risas, las alegrías y las tristezas. No hay atleta sin entrenador y no hay entrenador sin atleta.

Mis amigos son contados con los dedos de las manos, son los que hablan cuando hay que hacerlo, los que escuchan o acompañan en silencio.